Comentario por el Dr. Daniel Sisca
Se dan de tanto en tanto (más en un fútbol irregular como el nuestro) las posibilidades de disfrutar de un verdadero espectáculo.
Y con los 3 puntos adentro, mejor todavía.
Redondito. Ya que ganando y sumando se va fortaleciendo la confianza y crecen las expectativas.
El famoso tema de las 3G (gustar, ganar y golear), cada día más alejado de la realidad y tan difícil de plasmar en el campo de juego, nos reservó ayer en el Ducó una sesión a toda orquesta, interpretada por el Globo, desde que logró el primer gol hasta el final del partido.
A los afortunados que lo vivimos en directo y que nos enrojecimos las manos aplaudiendo y las gargantas gritando, nos quedan pocas palabras para calificar y comentar un funcionamiento casi perfecto, lujoso y con brillo en toda la cancha, invitando a la ilusión y trayendo al presente algunas imágenes imborrables de aquel HURACÁN histórico del 73 y, por qué no, del 76 también.
Hablar de figuras es casi un imposible.
Obviamente, resaltan las corridas explosivas de Matías De Federico; las apariciones de Pastore, imprevisibles y diferentes; la distinción, calidad e inteligencia de Bolatti; la presencia, siempre útil, del "maestrico" González.
Pero, qué decir del rendimiento de Esmerado y Cura (reemplazantes de dos indiscutidos), o del trajinar de Leandro Díaz, o de la solvencia y suficiencia de Domínguez y Araujo. Hasta Gastón Monzón, sin gran trabajo, resolvió con seguridad las tibias llegadas granates. Y Fede Nieto, animándose a prenderse en el circuito y aportando toda su entrega para aguantar a los centrales rivales.
En síntesis, jornada para recordar y futuro para tomarlo con la calma necesaria para mantener los pies sobre la tierra, sustentar todo lo bueno demostrado hasta ahora en los próximos partidos, recordar que, sumando de a 3, el proceso se fortalecerá sabiendo que hay material como para plantearse objetivos más ambiciosos.
Se vienen tres partidos seguidos en el Ducó, trascendentes para llegar a la mitad del Torneo y saber a qué aspiramos.
No hay excusas para no acompañar.
La ilusión, también, hay que alimentarla con el aliento y el apoyo permanente.